Cuando me decidí a participar en el proyecto de Adopta una autora, no tardé mucho en decantarme por Elena Fortún. Tuve alguna duda, porque acababa de leer un libro que me había gustado mucho La historia del amor de Nicole Krauss y me intrigaba esta autora estadounidense de mi generación. Pero no me terminaba de convencer. Y el nombre de Elena pululaba alrededor de mí, como una niña tirándome de la falda intentando llamar mi atención. Una niña que me iba a demandar esfuerzo, ilusión y ganas de aprender. Y tras barajar otros nombres como Stella Gibbons o María Teresa León decidí que Elena tenía que ser la elegida para ser mi primera autora adoptada.
Yo a Elena (que no era Elena si no Encarna) la he conocido hace poco, no me siento orgullosa de esta ignorancia, pero mejor tarde, y ahora ya no me puedo separar de ella. Todo sucedió el pasado mes de octubre. En la biblioteca de mi barrio, que no tenía nombre, comenzaron a aparecer expositores con periódicos donde publicó artículos, libros suyos, libros sobre ella, marca páginas y actividades relacionadas con Elena Fortún que, según parecía, era la escritora de Celia. A Celia sí que la conocía porque en los años 80 hubo una serie de televisión, a la que yo no le había prestado demasiada atención, porque todo lo que fuera español, antiguo y con una niña rubia con lazo, no me atraía para nada. La intransigencia y la ignorancia de la juventud, me hicieron pasar por alto una parte muy importante de nuestra cultura.
Y por qué ese boom de cosas relacionadas con Elena Fortún, pues porque la biblioteca de mi barrio no tenía nombre y su nombre, a partir de entonces, iba a ser el suyo. Me intrigó, no por nada en particular, si no porque desde hace un par de años todo lo que tenga que ver con mujeres que hicieron y hacen cosas de las que apenas se habla me interesa, así que empecé a indagar. Primeramente fui a Internet, claro, y ahí encontré el audio de unas conferencias que dio Carmen Martín Gaite en la Fundación Juan March a principio de los 90 sobre Elena Fortún. Las descargué en la tablet y comencé a escuchar. Fascinada, no sólo por cómo lo contaba Carmen, sino por lo que contaba, iba por la casa con la tablet, mi hija me preguntaba intrigada quién era esa señora que hablaba, yo iba limpiando de una habitación a otra con la tablet en la mano. Y ahí comenzó el idilio que continuó el lunes siguiente cuando en la biblioteca se presentó oficialmente el nombre de la biblioteca con una mesa redonda sobre Elena Fortún. Se puede decir que yo era de las más jóvenes de la sala (y eso que ya peino muchas canas), había personas muy ancianas allí. La directora de la biblioteca hizo una introducción muy apasionada y luego hablaron María Jesús Fraga Fernández-Cuevas y Nuria Capdevilla-Agüelles (dos de las personas que más saben sobre Elena Fortún) y una breve intervención de Paloma Gómez Borrero. Aquella tarde ya no pude ignorar nunca más a Elena y a su Celia. Saqué libros de la biblioteca y nuestro idilio pasó a relación, Elena formaba ya parte de mi vida y no sólo de la mía, porque lo más bonito de todo, no es sólo lo que estoy descubriendo y aprendiendo de esta increíble mujer, si no que mi hija hace un alto en sus Harry Potter y Diarios de Nicky para que leamos juntas Celia y no me deja que lea sin ella y según van pasando las peripecias de Celia, vamos constatando que Celia es genial. Así que sí, como todo el mundo decía aquella tarde de octubre, Celia ha sobrevivido a los años, a las décadas, a generaciones de niños y, aunque a mí se me escapó, el interés que Celia ha despertado en mi hija, cuya vida es tan diferente de la de las niñas de hace cien años, demuestra que Elena Fortún creó lo que sólo hacen los grandes, un personaje capaz de sobrevivir el paso del tiempo.
Elena Fortún y Celia, merecen todo el reconocimiento que se les pueda hacer. Merecen ser leídas, disfrutadas y admiradas. Afortunadamente, podemos disfrutar de nuevas reediciones de sus libros y de la publicación póstuma de su novela más personal Oculto Sendero. Y próximamente, iré publicando post sobre Elena (que era Encarna) y aportaré mi humilde granito de arena para que todo el mundo sepa lo maravillosa que fue y la importancia de su aportación a nuestra literatura.
Ah, sí, la biblioteca ahora es Biblioteca de Retiro Elena Fortún y cuando vas llegando un enorme cartel te recibe con una preciosa ilustración de Fernando Vicente en la que Elena, con sus enormes y expresivos ojos sostiene un libro de Celia. Y Elena nos dice a todos los que pasamos el umbral: “Sólo quiero leer, leer todos los libros que hay en el mundo…”
Este post forma parte del proyecto Adopta una autora.
martes, 10 de enero de 2017
viernes, 16 de diciembre de 2016
Lolito

Hace unos tres años, en la Feria del Libro de Madrid paramos en la caseta de la editorial Blackie Books. Aquel día yo iba buscando una edición preciosa de Cándido de Voltaire que Blackie había publicado con ilustraciones de Quentin Blake. Mientras yo echaba un vistazo al libro que, de antemano, había decidido comprar, mi chico hablaba con la editora que estaba en la caseta de un libro del que él había oído hablar por ahí: Lolito. Según parecía había tenido un éxito increíble y el autor era un chaval inglés que apenas había superado la veintena: Ben Brooks. Ella hablaba de Lolito con una pasión absoluta y de Ben Brooks con una gran simpatía, nos decía que había estado firmando libros y que se había desatado una auténtica locura. Yo, que soy muy clásica en cuestiones de literatura, seguía con mi Cándido en la mano y no daba mucho crédito a las bondades del (en aquel momento) imberbe escritor inglés.
Sin embargo, Lolito salía de vez en cuando a relucir en diferentes conversaciones en casa. Lolito siempre se colaba de un modo u otro en nuestras futuras lecturas. Tiempo después, mi chico decidió que lo iba a pedir para que lo trajeran a la biblioteca del barrio. Supongo que él tampoco se fiaba demasiado de un libro para el que, seguramente ya éramos demasiado mayores.
Gracias a él, Lolito llegó a nuestra biblioteca del barrio (y además la enterior novela de Brooks, Crezco, y la última, Hurra) y, por fin, puedo decir que lo he leído y también puedo decir que me quito el sombrero ante Ben Brooks, porque escribe como los ángeles, porque me ha divertido un montón, me ha emocionado, me ha escandalizado, me ha sorprendido y, hasta me ha hecho identificarme con Etgar, su protagonista, y su miedo al Exterior (con mayúsculas). Es un libro estupendo.
Ahora entiendo la pasión con la que la editora de Blackie Books hablaba de este libro, y es que, sinceramente, no esperaba mucho, no esperaba que me gustara, entre otras cosas, porque ¿qué hago yo leyendo un libro escrito por un chico de 19 años sobre un adolescente de 15? Y sin embargo me ha cautivado, seguramente su estilo, rápido, directo, sin tabúes, honesto y sincero. Una historia sobre un chico de 15 años, Etgar, que mientras sus padres están de viaje tiene que lidiar con el descubrimiento de que su novia, que también está de viaje, le puso los cuernos. Durante esos días en los que está solo, beberá, mirará vídeos por Intenet y conocerá a una mujer mayor en un chat para adultos.
Como madre es un libro que me asusta. La precocidad de los adolescentes de hoy en día, me da bastante miedo. El alcohol, las drogas, el sexo, Internet están incorporados con absoluta naturalidad a su vida, aunque también la soledad y la desidia, el propio Ben Brooks ha afirmado en alguna ocasión que si no fuera escritor, todavía se pasaría los días bebiendo en un parque. Pero como lectora me ha encantado la forma en que está escrito y me ha enganchado de una forma increíble. La estructura de la novela, cómo avanza la historia sin perder un ápice de frescura, de ritmo y de buen hacer, deja claro que este a este chico le han bendecido las musas con el don de la escritura, para que los padres pasemos por alto las barbaridades de su generación y simplemente disfrutemos de su literatura sacudiéndonos los prejuicios.
lunes, 5 de diciembre de 2016
NaNoWriMo, balance
Terminó noviembre y por lo tanto el plazo para escribir una novela de 50.000 palabras. El reto, no es imposible, en realidad son unas 1.600 palabras que se pueden escribir perfectamente en un par de horas, eso sí, si la inspiración ha venido a visitarte en ese momento y sabes exactamente qué escribir.
Al final me quedé a unas poquitas miles de terminar. Pero bueno, supongo que no gestioné demasiado bien el tiempo, para empezar comencé como el día 5 de noviembre así que ya entré con un pequeño desfase que tenía que ir superando día a día. Después vinieron algunos días en los que no escribí (aunque ahí sí que fueron pocos) y otros en los que aunque me ponía no conseguí pasar de las 1.000 palabras. Por lo tanto, al final, tenía demasiado trabajo acumulado y poco tiempo para realizarlo.
A pesar de madrugar los fines de semana, delegar algunas responsabilidades en casa y encerrarme alguna que otra tarde en la habitación de mi hija, no conseguí acabar. Además, los primeros días pensaba demasiado y escribía demasiado poco, algo que dejé de hacer los últimos días, pese a que escribía cosas que no me gustaban nada. Pero el proceso fue muy positivo y me encantó volver a tener en mente un proyecto creativo que me abstrajera del día a día. Los últimos días, de hecho, no podía pensar en otra cosa, me sentía nerviosa y tenía un dolor de cuello terrible, hasta que me di cuenta de que no podría terminar y me relajé, por fin.
En cualquier caso, puedo decir que estoy bastante contenta con lo que hice. Tengo que concluir la historia y cuando lo haya hecho la dejaré reposar unos meses. La releeré y veré qué se puede sacar de ahí, porque aunque hay partes de las que estoy bastante orgullosa hay otras que seguramente cuando las vuelva a leer me resultarán de lo más bochornosas.
Al final me quedé a unas poquitas miles de terminar. Pero bueno, supongo que no gestioné demasiado bien el tiempo, para empezar comencé como el día 5 de noviembre así que ya entré con un pequeño desfase que tenía que ir superando día a día. Después vinieron algunos días en los que no escribí (aunque ahí sí que fueron pocos) y otros en los que aunque me ponía no conseguí pasar de las 1.000 palabras. Por lo tanto, al final, tenía demasiado trabajo acumulado y poco tiempo para realizarlo.
A pesar de madrugar los fines de semana, delegar algunas responsabilidades en casa y encerrarme alguna que otra tarde en la habitación de mi hija, no conseguí acabar. Además, los primeros días pensaba demasiado y escribía demasiado poco, algo que dejé de hacer los últimos días, pese a que escribía cosas que no me gustaban nada. Pero el proceso fue muy positivo y me encantó volver a tener en mente un proyecto creativo que me abstrajera del día a día. Los últimos días, de hecho, no podía pensar en otra cosa, me sentía nerviosa y tenía un dolor de cuello terrible, hasta que me di cuenta de que no podría terminar y me relajé, por fin.
En cualquier caso, puedo decir que estoy bastante contenta con lo que hice. Tengo que concluir la historia y cuando lo haya hecho la dejaré reposar unos meses. La releeré y veré qué se puede sacar de ahí, porque aunque hay partes de las que estoy bastante orgullosa hay otras que seguramente cuando las vuelva a leer me resultarán de lo más bochornosas.
miércoles, 23 de noviembre de 2016
NaNoWriMo, sobreviviendo... apenas
Voy mal, voy muy mal. Ya lo he dejado para el último momento. Así que debo muchas palabras al contador del NaNoWrimo, creo que llevo más litros de té bebidos que palabras escritas. Pero no pienso abandonar. Pienso seguir escribiendo hasta el último día.
El principio fue difícil. Empecé tarde, me distraía no conseguía entrar en la historia. Estos últimos días estoy cogiendo, por fin, un buen ritmo, aunque sólo sea porque estoy dando el último apretón y soy la reina del dejarlo todo para el último momento.
Aún así, no desfallezco. Creo que he pecado de pensar mucho y escribir poco. Ahora borro menos, es decir que aunque no me guste mucho la frase sigo adelante. Ya lo corregiré. Soy consciente de que cuando relea lo que he escrito me va a parecer un horror, pero bueno sabré que he sido capaz de escribir algo parecido a una novela. ¡Aunque sea impublicable!
Soy consciente de los cambios de estilo, puff. No puedo entretenerme en eso. Tengo una amiga de la protagonista embarazada y ni si quiera me acuerdo de quién es, y la pobre sigue embarazada porque no me acordé de hacerle un hueco para que diera a luz. En fin, que al final todo puede terminar siendo un despropósito. Pero no puedo pensar en ello ahora. Mi historia tiene que seguir.
Apuro los minutos, los ratos y sólo cuando sigo el consejo de Zadie Smith “no te conectes a Internet”, es cuando más avanzo y consigo sumergirme en la historia. En fin, que ya sólo queda menos de una semana y a mí me queda más de la mitad para cumplir el reto. Tengo que seguir, porque lo voy a conseguir.
El principio fue difícil. Empecé tarde, me distraía no conseguía entrar en la historia. Estos últimos días estoy cogiendo, por fin, un buen ritmo, aunque sólo sea porque estoy dando el último apretón y soy la reina del dejarlo todo para el último momento.
Aún así, no desfallezco. Creo que he pecado de pensar mucho y escribir poco. Ahora borro menos, es decir que aunque no me guste mucho la frase sigo adelante. Ya lo corregiré. Soy consciente de que cuando relea lo que he escrito me va a parecer un horror, pero bueno sabré que he sido capaz de escribir algo parecido a una novela. ¡Aunque sea impublicable!
Soy consciente de los cambios de estilo, puff. No puedo entretenerme en eso. Tengo una amiga de la protagonista embarazada y ni si quiera me acuerdo de quién es, y la pobre sigue embarazada porque no me acordé de hacerle un hueco para que diera a luz. En fin, que al final todo puede terminar siendo un despropósito. Pero no puedo pensar en ello ahora. Mi historia tiene que seguir.
Apuro los minutos, los ratos y sólo cuando sigo el consejo de Zadie Smith “no te conectes a Internet”, es cuando más avanzo y consigo sumergirme en la historia. En fin, que ya sólo queda menos de una semana y a mí me queda más de la mitad para cumplir el reto. Tengo que seguir, porque lo voy a conseguir.
viernes, 11 de noviembre de 2016
Hay un lugar mágico en París
Cuenta la leyenda que hay un lugar mágico en París. Un lugar pequeño, viejo, con un cierto desorden, un lugar lleno de libros. Según dicen esta librería la abrió un señor americano, un tal George Whitman enfrente de Notre Damme, en la ribera izquierda del Sena, la más bella de París. La llamó Le Mistral en 1951, pero pasados unos años, en abril de 1964, en el 4º centenario del nacimiento de William Shakespeare le cambió el nombre. Y recuperó el de una librería especializada en literatura de habla inglesa Shakespeare and Company, que abrió en 1919 una mujer, también americana como él.
Los más viejos del lugar, recuerdan aquella primera Shakespeare and Company que abrió aquella mujer de New Jersey, Sylvia Beach, y que se convirtió, en los años 20, en todo un referente literario y cultural de aquel París de entreguerras. Por allí, primero en la rue Dupuytren y después en el número 12 de la rue de l’Odéon, pasaron los grandes nombres de la literatura, el arte y la intelectualidad de la época: Ezra Pound, Gertrude Stein, Man Ray, Scott Fitzgerald. También se cuenta, que Sylvia Beach no era sólo una apasionada librera si no que publicó en 1922 el Ulysses de James Joyce que había sido prohibido en Estados Unidos y Gran Bretaña, y que también se implicó en la publicación del primer libro de su compatriota Ernst Hemingway: Three Stories and Ten Poems. Dicen que tuvo que cerrar durante la ocupación de Francia en 1941, según la leyenda porque se negó a venderle a un oficial alemán la última copia de Finnegans Wake de Joyce.
No cabe duda, que George Whitman fue un digno sucesor de Sylvia Beach pues impregnó a su librería del espíritu inquieto de aquella estupenda mujer y tardó poco tiempo en que el nuevo Shakespeare & Co se convirtiera en la viva imagen de aquel primer proyecto interrumpido por la barbarie de la guerra; por ella pasaron Allen Ginsberg, Gregory Corso, William S. Burroughs, Anaïs Nin, Julio Cortázar, Richard Wright, Lawrence Durrell, Max Ernest, Bertolt Brecht entre otros muchos.
Lo más sorprendente de todo es que quien ha estado allí afirma que la librería esconde camas y lugares donde escritores de todas partes del mundo pasan temporadas ayudando en la tienda y escribiendo, los llaman los Tumbleweed y fue el propio Whitman el que, desde un primer momento abrió las puertas de su librería a escritores invitándoles a dormir en improvisadas camas pegadas a las estanterías. Los tres requisitos que se les exige: leer un libro al día, ayudar en la tienda y escribir una página autobiográfica para los archivos de George Whitman.

Para mí, la visita a Shakespeare&Co estuvo llena de emoción. Porque nadie te ha hablado de ella, ni te ha dicho que la visites, pero tú has descubierto su existencia, has leído sobre ella y quieres pisar ese suelo, quieres ver esas angostas habitaciones decoradas con abarrotadas estanterías, quieres oler los libros, quieres sentir la historia de la literatura contemporánea, quieres haber estado allí. Por unos momentos, por unos minutos has formado parte de ese lugar tan especial. Has visto las camas camufladas, has leído las notas que han dejado los que allí han pernoctado, has escuchado el piano que, de forma espontánea alguien ha tocado, has mirado por las ventanas del patio, has tomado fotos furtivas y te has sido feliz, porque sabes que como gran amante de los libros y de las librerías ése es el lugar donde tienes que estar al menos una vez y quién sabe si más.
Las fotos furtivas, sin flash y sin molestar.
martes, 8 de noviembre de 2016
NaNoWriMo o Cómo escribir una novela en 30 días y no morir en el intento
Con el mes de noviembre, llegan los días cortos, el frío, la lluvia. En general es un mes desapacible, un mes un poco soso, le preludio de diciembre con son vorágine navideña y antes de llegar ahí ¿qué se puede hacer?, ¿en qué ocupar las largas tardes oscuras?, ¿los cortos días del fin de semana? Pues allá por 1999 hubo un estadounidense que se juntó con 30 amigos y decidieron que cada uno escribiría una novela. El reto: 50.000 palabras en 30 días. Años después se convirtió en el National Novel Writing Month. En estos últimos años, la participación se ha extendido por todo el planeta y puede participar cualquiera, en España los wrimos están a tope. De forma oficial, te puedes inscribir en su web e ir volcando cada día las palabras escritas para ver el progreso. Te envían consejos, trucos e incluso hay quedadas para escribir.
Este reto, en el fondo, es más personal que artístico. Es decir, poca literatura buena va a salir de aquí cuando lo que prima es la cantidad, cuando la mayoría apenas le podemos dedicar una o dos horas al día, por lo que hay que escribir rápido y con muchas concesiones a la forma. Pero lo importante es que cuando termine el mes, tendrás algo, mejor o peor con lo que seguir trabajando después y convertirlo en un trabajo superior, o simplemente te habrás demostrado a ti mismo que puedes escribir todos o casi todos los días, que puedes dar forma a una historia y que, aunque esto que has escrito sea una bazofia, te ha servido de entrenamiento para creértelo y comenzar a escribir algo mucho mejor.
Yo me he apuntado al reto. Empecé 4 días tarde, así que voy con cierto retraso. Algo que tengo que mejorar en los días venideros. Por supuesto es una novela fácil, sin pretensiones, algo del tipo para leer en el metro o en un viaje en avión. Pero claro, es lo primero que escribo de verdad y tampoco hay que tener muchas pretensiones. Es ante todo un reto personal más que literario. Un reto que me gustaría completar por mí misma, para decirme que puedo hacerlo, independientemente de su calidad (eso ya vendrá después).
De momento, he tenido momentos de auténtica inspiración, en la que apenas me costaba escribir y hacer avanzar la historia y momentos en los que me atascaba y me agobiaba, viendo cómo el reloj avanzaba y mi número de palabras se quedaba atascado. Pero bueno, supongo que tiene que ser así y que, tendré que ir lidiando con esos momentos de sequía. Actualmente llevo escritas 3.317 palabras, según el contador de NaNoWriMo, con esta media terminaría de escribir el 1 de marzo. En fin, que me quedan los días más duros si realmente quiero conseguir mi reto.
Por cierto, este post tiene 480 palabras, debería contar para la estadística de hoy ¿no?
Yo me he apuntado al reto. Empecé 4 días tarde, así que voy con cierto retraso. Algo que tengo que mejorar en los días venideros. Por supuesto es una novela fácil, sin pretensiones, algo del tipo para leer en el metro o en un viaje en avión. Pero claro, es lo primero que escribo de verdad y tampoco hay que tener muchas pretensiones. Es ante todo un reto personal más que literario. Un reto que me gustaría completar por mí misma, para decirme que puedo hacerlo, independientemente de su calidad (eso ya vendrá después).
De momento, he tenido momentos de auténtica inspiración, en la que apenas me costaba escribir y hacer avanzar la historia y momentos en los que me atascaba y me agobiaba, viendo cómo el reloj avanzaba y mi número de palabras se quedaba atascado. Pero bueno, supongo que tiene que ser así y que, tendré que ir lidiando con esos momentos de sequía. Actualmente llevo escritas 3.317 palabras, según el contador de NaNoWriMo, con esta media terminaría de escribir el 1 de marzo. En fin, que me quedan los días más duros si realmente quiero conseguir mi reto.
Por cierto, este post tiene 480 palabras, debería contar para la estadística de hoy ¿no?
jueves, 3 de noviembre de 2016
Cartas a Mathilde
La labor de Mathilde como hispanista fue importantísima para la difusión de nuestras letras, sobre todo en Francia, ya que tradujo no sólo a autores contemporáneos si no también a Miguel de Cervantes o Calderón de la Barca. Además, tuvo una carrera propia como escritora, sobre todo como poetisa.
En estos días, y hasta el 8 de enero, la Biblioteca Nacional ofrece una interesante exposición sobre ella. Una exposición que gira alrededor de la vasta correspondencia que mantuvo con 160 personas de la cultura española durante la primera mitad del siglo XX y alguna figura de la intelectualidad hispana de América. El corpus epistolar lo componen más de 1.000 cartas, de las que sólo una muestra se puede apreciar, pero que nos da una idea lo que fueron aquellos años, sobre todo los anteriores a la Guerra Civil, de la riqueza intelectual y cultural que de la cultura hispana.
En la exposición se reúnen cartas de Falla, Unamuno, Azorín, Gómez de la Serna, Lorca, Vicente Aleixandre o Zenobia Camprubí, así como también una interesante muestra de la correspondencia que mantuvo con Margarita Bonmatí, esposa de Pedro Salinas. Se acompaña de fotografías, cartas manuscritas o mecanografiadas, dibujos y partituras musicales, y podremos descubrir pequeñas curiosidades de la trastienda de la época como, por ejemplo, que fue ella la que hizo posible que Salinas consiguiera la plaza de Lector de Español en la Sorbona de París. Que Zenobia Camprubí fue una de las primeras mujeres en España que tuvo carnet de conducir. Que era ella la que conseguía encajes e hilo para la tienda de Arte Popular Español que abrió Zenobia en Madrid, y que además, se encargaba de hacer llegar la mercancía a la clientela francesa. O que a Jorge Guillén no le hacía ninguna gracia Pérez Galdós, reflejándolo en una carta escrita a Mathilde a la muerte del escritor, bosquejando un retrato bastante negativo de éste. Vicente Aleixandre le escribió: “Tú sí que eres el verdadero cónsul General de la Poesía Española en Europa” y con ese “nombramiento” se la conoció.
En 1931 le rindieron homenaje en el restaurante Buenavista, de aquel evento quedan alguna fotografía, y postales que le dedicaron Lorca, Salinas, Cernuda, entre otros asistentes, y de la cual se exponen objetos que documentan el mismo.
Merece la pena pues acercarse a esta brillante mujer, que contribuyó con su ingente trabajo a dar una visión más amable y con mayor estima de nuestro país, cuando en Europa todavía sonábamos a pandereta. Ahora sólo falta esperar a hacerle justicia de verdad y traducir, como ella hizo con nuestra poesía, la suya propia para que nosotros la podamos disfrutar y a publicar todo ese epistolario tan fundamental para seguir conociendo con mayor profundidad una de las épocas más brillantes de las letras españolas.
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